Plasencia, ¿nuevo Título?

Plasencia, ¿nuevo Título?

 

El titular “quejas y caídas por un acerado” que, acompañado de una foto, publicó El Periódico Extremadura el pasado día 8 en su Sección “Plasencia”, y el hecho de que el día anterior hube de estar yo en urgencias del hospital del norte cacereño, me dan pie –nunca mejor dicho– a esta colaboración que ha de ser brevemente introducida.

Transcurría no sé que año, pero hace muchos, cuando, en una actividad que bien podría ser alguna olimpiada escolar o algo similar, acudí a la Ciudad Deportiva a ver a mis alumnos de los estudios denominados hasta que se dejaron engañar, de Auxiliar de Clínica. Entre el personal colaborador de Cruz Roja o quizá Protección Civil me encontré con una antigua alumna. Le pregunté que qué tal y en su escueta respuesta me dijo que bien y «que lo que más había habido eran “eslinces”» refiriéndose, claro está, a esguinces. No me extrañó pues con profesores como yo te puedes esperar cualquier cosa.

La cuestión es que con el tiempo, ese recuerdo forma parte de mí y de mis clases, siendo anual la narración de la anécdota cuando toca esa patología. Pero aún hay más.

Sostengo que si alguien se tomara la molestia de realizar un trabajo sobre la incidencia de los “eslinces” en esta nuestra ciudad y más ahora que desgraciadamente desapareció el “curandero de Malpartida de Plasencia”, se vería como un acto de verdadera justicia el que Plasencia que ostenta oficialmente los títulos de “Muy noble”, “Muy leal” y “Muy benéfica”, y extraoficialmente los de “Perla del Valle”, “Ciudad de los lagos”, “Capital del Norte” y alguno más que por reciente cuño aún no procede difundir, sumase otro título más a tan amplia como poética nómina.

No soy técnico en raíces de árboles, corrimientos de terrenos, colocación de acerados y tapas de alcantarillas. Tampoco en salientes o depresiones pavimentosas de otra índole u origen. Sólo sé del coste sanitario, laboral y social que supone un esguince o peor aún una fractura y más a gente añosa, por cualquiera de estos motivos y que por frecuentes hacen que la ciudad que vivo y habito pueda ser señalada, sin rubor alguno ni faltar a la verdad, como la “Ciudad de los eslinces”.

No se sostiene hoy, en pleno siglo XXI, que la ciudad destinada a ser agrado de Dios y de los hombres, no pueda ser disfrutada, dejando a Dios aparte, por aquellos que en aras de su seguridad saben que no pueden distraer su mirada del suelo que pisan y más ahora que el móvil con su WhatsApp ha procurado una mutación humana con una imagen muy parecida a la del ganado de mirada baja que diría el Maestro. Feliz semana y atención al suelo.

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