La desigualdad, la clave …

Abú, La Mesa del Disenso

La desigualdad, la clave en la “contra-Constitución de 1978 *
Un paisano de Lérida pesa electoralmente tanto como 2,3 catalanes de Barcelona y 1,5 de su homólogo en Tarragona o en Gerona. Lo que es en Cataluña no es diferente de lo que sucede en cualquier otra región de España. Un madrileño mengua al 70% de la asignación de poder otorgada a un extremeño. Si siguiéramos por este camino, la maraña de desigualdades se nos aparecería escandalosa. Cuando la contra-Constitución del 78 usurpa la voluntad de los ciudadanos españoles arrojándoles fuera de su derecho a la participación política, lo hace caprichosamente,  además de fraccionarlos desproporcionalmente. Un extremeño vale mas que un madrileño pero un madrileño compensa las desigualdades de renta más que cualquier otro español. El desorden es tal que cada español es distinto dentro de su propio territorio y fuera de él también. La desigualdad está servida en origen por las consideraciones que hace la Constitución acerca de los ciudadanos que intenta proteger.  Por eso es apropiado designarla como  La  contra-Constitución española del 78. Esto que es tan evidente les resulta cómodo a todos los partidos políticos del arco electoral español y nadie vincula la división Nacional creciente al desastre contra-Constitucional. En las últimas elecciones generales, un diputado de ciudadanos obtenía el 30% de la fuerza que concentraba uno del PP.  Dicen que la Constitución es la garantía de la unidad de España pero en la práctica nos lleva de cabeza a la quiebra por la fragmentación inevitable de la Nación. La Unidad se caracteriza por la homogeneidad, por las relaciones equilibradas entre próximos que dan como consecuencia una resultante de estabilidad. No podemos ofrecer con votos y cualidades desiguales, derechos, obligaciones y oportunidades de igualdad,  eso es magia barata aunque se envuelva en retorcidos textos jurídicos constitucionales.
Quizá alguien pudiera alegar que se trata de una excelente procedimiento para la corrección de desequilibrios múltiples entre la España seca y la España húmeda, entre la España rica y la España pobre, entre la España del sol y la España de nubes, entre la España sábia, y la España engañada. Falso. Las correcciones están asignadas desde Montesquieu a los contrapoderes o amortiguadores que no son en absoluto estables y rígidos como un texto constitucional, sino variables y sometidos a la voluntad y circunstancias de los electores y de la Nación. Las correcciones además, se producirán por periodos cortos en el menor de los casos (de cuatro años) para disipar  precisamente esas perezas por postergar los asuntos complicados y espinosos que pueden pasar factura electoral a los políticos ambiciosos de poder. Los ciudadanos, en libertad colectiva,  son los que deben designar a esos poderes en elecciones separadas y en circunscripciones bien diferenciadas. Por un lado, las elecciones para la Asamblea Legislativa de la Nación a donde acudirán los diputados elegidos nominalmente por mayoría  absoluta por cada una de sus elementales circunscripciones (de entre 80.000 y 100.000 habitantes);  y por otro, la elección en una única circunscripción, la del territorio nacional, para designar al poder Ejecutivo por mayoría absoluta. Ahora se prepara el teatrillo para encajar una “reforma Constitucional” que acabe con las “incertidumbres de una sola nación”¡¡Que barbaridad!!. Piensan los des-ilustrados constitucionalistas que la única salida es “partir ( la Nación) para unir” posteriormente sus despojos y hacer con ellos un vestido aparente, a la moda infantil. Su miopía es irreversible y el desastre está servido. Nuestro único consuelo es saber que en las peores condiciones históricas ha resurgido la Nación Material donde se guarda ese espíritu de vida y reconquista cuando las fuerzas del maligno la tienen cercada para destruirla. Entonces comenzarán a oírse estas nuevas consignas de la democracia representativa que nos permitirá levantar la cabeza para siglos de prosperidad: un español un voto; un representante por distrito revocable y pagado por el distrito; una Asamblea de diputados Legislativa única y representante de la Nación; un Presidente del Ejecutivo revocable por la Asamblea de la Nación; una Justicia independiente y una Fiscalía sujeta en sus jerarquías a elección polpular. 
En la mesa del disenso ya hemos establecido con anterioridad que la socialdemocracia, (socia-l€urodemocracia), es incapaz de resolver nada que no sea fortalecer sus privilegios y el de las oligarquías financieras y empresariales con quienes cohabita en el poder. En el actual conflicto cancerígeno de disociación del Estado que arrastra al abismo a la unidad de la Nación, ésta aseveración resulta demasiado evidente. Al conflicto secesionista catalán se le trata con viejas fórmulas más secesionistas aún: otras elecciones con regocijo de la partidocracia para favorecer el efecto disociativo de las desigualdades establecidas en nuestra “contra-Constitucion 78” , disimulando con ello que apagamos incendios vertiendo pirotecnia para aderezar con espectáculo las rivalidades de sobra asentadas en la sociedad española. Nada va a cambiar, solo que a peor, y el conflicto permanente se instalará con más virulencia en nuestro modo de vivir como ya se han instalado, los partidos, el consenso, la crisis financiera, la porquería de los bajos salarios en la sociedad civil y la insoportable deuda pública que ya alcanza los 40.000 € por español vivo, independientemente de que acabe de nacer o se encuentre en las puertas de otro mundo mejor. LA ABSTENCIÓN CONSCIENTE Y CONSECUENTE sería el remedio más eficaz contra la cansina monserga de partidos políticos, pero los españoles necesitamos de una autoridad revestida de legitimidad (líder) que levante esta bandera. ¿Si no es el Rey, quien será?
(Continuará)
ábu
(*) Paco Corraliza, La «contra-Constitución-78» y el soberanismo (I y II)

4 thoughts on “La desigualdad, la clave …”

  1. Hay que civilizar a los partidos sacándolos del Estado. La abstención activa es el medio, el fin la República Constitucional.

    1. Si. Arrancarlos de las ubres del Estado, dejarles desnudos, en su verdadera naturaleza escondida bajo el traje de pap€l€tas de partidos. La abstención activa limpia la mugre como nadie.

  2. Negarse a ser una fracción indeterminada o caprichosa de una partidocracia es una medida de salud personal y humana, no mundana, así que el gesto, o la gesta del orgullo, es como bien dices, NO VOTAR para botarlos y desenmascararlos a todos.

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