Medallero extremeño (2º)

Medallero extremeño (2º)

Decíamos ayer que el artículo firmado por Álvaro Valverde: ¿Cuándo se jodió la cultura en Extremadura?, tuvo, o al menos eso pienso yo, réplica. No vino ésta de Pepe Extremadura, que educado, prudente o lo que sea, ha optado, al menos de momento, por callar, aplicando, quizá, lo popular: “A palabras necias, oídos sordos”, sino de parte del que fuera Consejero de Cultura, Educación y Deportes de la Junta de Extremadura en tiempos pretéritos y ahora columnista del HOY, Tomás Martín Tamayo en Cultura y lenocinio. Allí, tras hablar del Presidente Guillermo Fernández Vara, que aunque sólo sea por eso, por ser nuestro Presidente, ya merece medido respeto, quiso poner un  “punto y aparte” que era en realidad un punto y seguido. Escribió: “se detectan sarpullidos, añoranzas en los antaño visitadores de mancebías culturales, aquellos que se creían propietarios de la cosa porque durante un tiempo la administraron con la misma prepotencia que una mándama de lenocinio. Para ellos no hubo ni hay antes y después, porque toda la gloria quedó en el paréntesis de su paso efímero por una cultureta bien amañada entre amigos, siempre prestos a mojar en el generoso puchero de sus mecenas particulares. Mecenas que disparaban generosamente con nuestra pólvora, claro. Algunos demostraron cierta vergüenza y después de los días al sol pasaron a la sombra sin ruido, pero los cebollinos presuntuosos, los junta letras engominados e incapaces de levantar la vista de su ombligo, siguen de guardia y andan quejosos porque se ponen la mano detrás de las orejas y solo oyen el ruido de sus tripas. Pero como todo no puede ser malo en todo, la crisis sopló los jaramagos de tanta pobreza intelectual, de tanta pitanza pringosa y hemos de reconocer -¡vaya mérito!- que entre la penuria de hoy y la de los chupópteros ripiosos de ayer algo hemos ganado porque, además de perderlos de vista, hemos dejado de alimentarlos. A ellos y a sus tristes egos. ¡Que sigan rezando al que los puso y maldiciendo al que los quitó, pero que no vuelvan a poner su zarpa en la Cultura! Les va mejor llorar y manifestar su resentimiento”.

Lástima que el señor Tamayo, que parece sabe de lo que escribe, no haya sido querido ser más alargado añadiendo nombres, máxime cuando éstos han tenido acceso al presupuesto, evitando así incluir entre ellos a quién quizá no lo merezca.

Sea como fuere, parte de lo dicho para la región bien puede trasplantarse a este rincón del norte donde parece que no ha habido ni antes ni durante nada de cultura que no sea la promovida por la cuadra y un metafórico y exclusivista establo. Allá cada uno.

Pero sigamos. No era la otorgada a Pepe Extremadura, la primera discrepancia de Álvaro Valverde con el medallero extremeño. Hubo otras y entre ellas, la procurada con motivo de las medallas de 2012. Entonces, en Razones para una medalla, escribió: “«Víctor Chamorro Calzón nació en Monroy hace 73 años y es el escritor extremeño con mayor obra publicada hasta la fecha y el más premiado en concursos de novela promovidos no institucionales», dice el HOY.

«El escritor Víctor Chamorro se lleva la Medalla por ser «uno de los extremeños más conocidos y reconocidos fuera de las fronteras de Extremadura»», dice El Periódico Extremadura”.

¿Acaso no es cierto? ¿No hubo escritores antes del ISBN?

Fue ésta una reacción emboscada, no como la habida contra la medalla a Pepe Extremadura, que le pareció “incoherente y hasta sangrante cuando advertimos –dice él– que entre los propuestos estaba el narrador y ensayista Gonzalo Hidalgo Bayal, autor de una de las obras más rigurosas, significativas y respetadas del panorama nacional. Se ve a las claras que nuestras autoridades prefieren la frivolidad a la excelencia. Pierde la cultura. Perdemos todos”.

Puede que las autoridades sean así. Puede que pierda la cultura. Puede, incluso, que perdamos todos, pero lo que es seguro es que las razones esgrimidas por Álvaro, y que yo ratifico, en su particular cruzada de honores para GHB –como a él le gusta escribir– son tan válidas como las que sostuvieron por tres ocasiones oficiales, es decir, por cauce reglamentario, las propuestas para Víctor. No siempre, por muy significado que uno se piense, se alcanza la meta al primer intento. Ya se sabe: política.

Concluyo. Las comparaciones, es verdad, pueden ser odiosas e incluso indignantes. Que Gonzalo es un buen escritor y que para ésta y otras distinciones, cuando menos absurdamente anunciadas, ha contado con una nómina de autores de prestigio y categoría, no lo dudo. Lo merece. Pero eso no es óbice para que piense que en esto V. Ch, no sólo la tiene más larga, también mejor, o acaso vamos a dudar de Delibes, Cela, Senabre, Martínez Cachero y largo etcétera. ¿Verdad que no?

Que Pepe Extremadua no es un artista de la talla de algunos otros cantaautores que también han musicado, “o así”, a poetas, él lo sabe, pero también, él y yo y todos comprendemos que el conjunto de los escritores no son, ni serán nunca, Machado (Antonio o Manuel), ni Juan Ramón Jiménez, o por quedarnos más cerca, Víctor Chamorro o Ángel González, y no por ello, supongo, se les debe descalificar y menos hasta el ensañamiento. ¿Verdad que no?

La saña, en el caso de Pepe Extremadura, no sólo está fuera de lugar, es sencillamente y cuando menos, inmerecida. A juicio de quienes tenían la capacidad para ello, Pepe Extremadura, reunía los méritos suficientes para ser Medalla de Extremadura. Puede que ya lo fuera, conmigo. Su candidatura, que supongo por cauces reglamentarios, habrá dispuesto de apoyos, probablemente no relevantes para según quien, pero apoyos al fin y al cabo y cuando menos tan honrados como los de cualquier otro.

Quizá como dice el poeta sea la medalla “un año de estos” o, quizá, nunca, ya se verá. En todo caso, si alguna vez llega, no ha de preocuparse GHB por lo del “discursino y la corbata, mayormente”. Una simulada afonía libera de lo primero; lo segundo no es obligatorio. Basta con asistir recién duchado, con el pelo bien lavadito, y vestido limpiamente, incluso con rosada camisola de amputadas mangas, si el tiempo lo permite y si no, una rebequina. Así lo hizo, Roberto Iniesta y no pasó nada, aunque si he de poner un “pero” –no sería yo si no lo hiciera o hiciese– diré que si se decide por este atuendo, va mejor una coleta. ¡Dónde va a parar!

“Perdone el desahogo” y “a otra cosa”, mariposa.

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