JMSyT. Me ronda la muerte

JMSyT. Me ronda la muerte

 

Hemos terminado una semana donde tocaba el foco en la denominada “violencia de género”. Como es éste un debate cercenado no voy a entrar en él en tanto no se den las circunstancias tan políticamente incorrectas que el mismo sirva de algo más de lo que ayuda el actual. Ahí están las cifras. Hoy escribiré de la muerte.

No soy yo un “novio de la muerte” pero casi. Me acompaña desde ese período en que si te abraza aún no te has ganado el derecho a campo santo y como tal la tengo asumida. Es una de mis compañeras, otra la vida, esa “enfermedad mortal de transmisión sexual” que dijo alguien.

Toma protagonismo ahora la muerte pues últimamente han sido muchos mis encuentros con ella.

Leo El pequeño Werther del maestro Chamorro. Dialogan Francisco –el protagonista– y Lezama – un compañero de residencia estudiantil– acerca de las visitas de éste último al barrio chino salmantino. A las “noticias de asombro” de Lezama, Francisco articuló:

–Pues fíjate si mueres en el momento.

A lo que el instructor sexual responde:

–Es que morirse es mucho más difícil de lo que tú piensas.

Puede que Lezama tenga razón, pero lo que si es patente es la aversión del personal a pensar y hablar de lo único que sabemos de forma certera.

Aquí –decía mi padre y quizá de ahí me venga la cosa– estamos de vacaciones. Unos tienen más y otros menos, apostillaba.

También me informan de los múltiples recursos y consejos que existen para hablar con naturalidad de la muerte en el aula en distintos niveles como si la cosa fuese nueva.

No saben los neoguías del buen hacer y decir que algunos y no de ahora sino desde antes que algunos de ellos nacieran, tenemos a la muerte en el aula, con naturalidad, también la enfermedad lo que no impide que a algunos alumnos (perdón por usar el genérico) les salgan sarpullidos y dibujen arrugas a pesar de estar matriculados para sanitarios.

Hubo un tiempo en me dieron cita con la muerte. Al parecer era urgente, en el plazo de un mes. Ya han pasado años. El hombre es falible y a veces, incluso, inepto asalariado.

Ahora espero tener suerte y no perder la esperanza de escribir cuando menos una próxima colaboración, si no lo hago lo mismo es que se me han acabado las vacaciones.

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