“Huerfano de mis gafas”. A.M.

“Huerfano de mis gafas”. A.M.

 

He de confesar que aunque a veces este compromiso me depara alguna alegría, son más las que es cierta zozobra lo que me provoca, pues sé que si abordo algunos temas con el estilo que me nace, serían muchos los problemas que sobrevendrían y aún hoy no estoy preparado para tanto Tribunal. Esperaré a que los daños puedan dirigirse solamente a mi. Así que, enmudeced palabras.

Pondré un ejemplo. El pasado domingo tituló el HOY: “Extremadura se suma el modelo educativo finlandes”. ¡Menudo asunto!, ¡anda que no tiene miga!, y corteza. Al respecto digo solamente: Resulta que ahora todos somos altos y rubios, y, por concretar más, añado que no todo sirve para todos, pues hay cosas que sencillamente no son transplantables. Cosa de la naturaleza. Si hubiese hablado de la cosa “nazionalista”, me callaría pues sólo hay que ver a los cachorros estelados.

Había pensado también escribir de Cataluña, pero no.

En una ocasión escribió Don Machado ―© del bibliotecario Jonás― a su amor Pilar de Valderrama que, cuando la conoció aún podía escribir sin gafas, y en otra, que la escribía con gran dificultad porque tenía rota sus gafas y miraba con un solo cristal, de modo que ponía las líneas casi ciego y que por ello no respondía de ellas.

Como Don Machado, un día, me quedé “huerfano de mis gafas”. Ocurrió que una fractura espontánea y recidivante en su estructura me condujo a lentes de gasolineras y de ahí a las manos de un joven óptico que diagnosticó: de cerca nada, y de lejos cada vez menos.

Asi, de las lupas plásticas a la nuevas tecnología: titanio ―me dicen― y lentes progresivas disminuidas de aberraciones.

Sea como fuere, lo cierto es que ahora, con gafas nuevas y unos cientos de euros menos, se me aparece enfocada la vida, quizá demasiado, y me acuerdo del óptico y también de ese catalán que comparte genética con el rey de nuestras (¡ojala!) dehesas, y afirmo que es a este especimen al que hay que seguir pues en su lengua descuidada en versión española, está la clave de todo ese asunto. Pero de eso hablaremos más adelante, ya que todavía ha de soltar alguna perla más, pues no en vano, y mientras no utilice lentes progresivas, su vista divergente sólo puede llevar a su neurona un impulso desenfocado y aberrante. Feliz semana. Aún quedan muchas risas por compartir.

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