Ábu, La Mesa del Disenso

En 1955 cuando nace Mariano Rajoy Brey en el seno de una familia acomodada. España está saliendo de la autarquía y por entonces ya se presume que el hijo de un médico acabaría cirujano, o el de un magistrado, letrado, registrador o ambas a la vez. Aquí no hay nada de extraordinario sino de ordinario en nuestro personaje, como tampoco lo es que  se acomodara  en la política puesto que su abuelo, galleguista destacado, enarboló esa tradición familiar. Lleva puestos 37 años sacrificándose por los españoles del lado derecho, pero cuando comenzó, en España cada mujer aportaba a la Nación 2,04 hijos; ocupábamos la octava posición en el ranking de países industrializados, el paro no llegaba a mostrarse con dos cifras y la Deuda Pública tampoco. Como buen funcionario de rango superior, transmite todo lo que le llega sin manchar un papel y sin dejar migas en la mesa. Como buen agraciado,  nunca se metió en política porque sus ambiciones personales son caminar, descansar nueve horas, rodearse de la familia protectora y entretenerse con los deportes. En cuanto a las públicas: que la gente se lleve bien; que impere el sentido común, la normalidad y que todo marche “funcionarialmente” con sosiego. Con estas actitudes lo que mejor sabe hacer es trasladar según los procedimientos.  Así, para el Gobierno, delega en su Soraya y para el partido en su María Dolores. Necesita la cabeza bien despejada para acudir a  Europa donde ya nos tienen asignado un papel descansado en el sillón decorativo del Consejo. Esta filosofía de …  “si haces algo puedes meter la pata y si no lo haces, otros sin duda van a meterla y se quemarán pero tú no”, funciona perfectamente y le da larga vida confortable en la rutina ordinaria de la partitocracia, donde todo está pactado de antemano por el impregno del consenso y solo hay que mantener entretenido a la parroquia con escaramuzas entre el lado derecho y el lado izquierdo del mismo régimen. Hay que recordar que en el Milagro de la Transición, (no el de Mariano)  la oposición dió el carnet de “demócratas” a los franquistas a cambio de que los franquistas les dieran licencia a los “democraturos” para repartirse el poder al arbitrio de la lotería electoral y se olvidara el agua pasada. Así hasta Zapatero, que metió las dos patas y hasta la cabeza en la balsa del consenso chapoteandolo todo al desenterrar la Guerra Civil hasta el 34 con un par, el de sus disminuidos hemisferios cerebrales.
Mariano no derribó a Zapatero a pesar de que tuvo varias oportunidades claras de hacerlo. No está en su ADN ser un púgil ambicioso contra sus adversarios sino un hombre con sentido común que dialoga sobre la necesidad del consenso. Lo vio caer desde el otro lado de la balanza y ascendió aprovechando ese vacío a la vez que dejó abierta la caja de los truenos, urdiendo el contubernio de los  “círculos” y la “sedición catalana“. Eran los tiempos en que la Deuda Española se verticalizaba al 80% del PIB y el Rey sintió el terremoto de la inestabilidad poniendo tierra de por medio pero llevándose la fortuna. Con un par como los de su antecesor, dio traslado en plena crisis para que pagáramos todos los españoles la deuda de las Cajas arruinadas por la partitocracia; bajó los salarios; subió los impuestos hasta el coste de 178 días de trabajo por contribuyente; puso la Deuda Pública real, (no la cocinada) al 140% del PIB; bajó la natalidad a 1,33 hijos por mujer;  nos hemos hundido a la décimo quinta posición industrial y conquistado un paro tan vergonzoso como su milagro: haber construido a la largo de su vida pública un pozo cada vez más profundo por lo que no es de estrañar que los “robadores” quieran abandonarlo ante la ruina inminente.
La ruptura del consenso, o pensamiento único, ha acabado también con la docilidad del pueblo español ante ese culto ciego a los milagrosos procedimientos burocráticos. Las soluciones ya no pueden ser solo funcionariales, (Marianas) sino racionales. ¡Volvamos la vista a la Ilustración práctica y muerte a las dogmáticas!. Ya no se puede trasladar un problema al departamento correspondiente como patata caliente. La siesta se ha acabado porque nos queman los privilegios, las desigualdades y la falta de libertades para derribar, como pueblo, a esta basca incompetente de mal-gobernantes. No será la primera vez que tengamos que salir de la quiebra Nacional pero debemos proponernos que sea la última.
ábu

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