Cualquier cosa menos Podemos

José María Sánchez y Torreño

Lo confieso: fui “podemita”, pero no un “fui” cualquiera. Yo era de los pocos que recibí un calendario y eso, los ilustrados, saben qué significa, y aunque era cateto como él solo, lo regalé por lo significativo del hecho a quien supo valorarlo. No sería necesario el argumento expuesto para hablar de lo que voy a hacerlo, pero entiendo que da la autoridad de quien sabe de lo que escribe consciente de que puedan surgir versiones que no aguantarían ni uno solo de los signos de interrogación.

Publica Ignacio Varela en El Confidencial que Bescansa, la del niño que succionaba, también, en el Congreso, tiene razón: “Cataluña puede ser la tumba de Podemos”. Yo, desde este modesto medio le digo a Ignacio que no, que está equivocado y a Bescansa que miente.

Ella, los suyos del momento y quien ha querido verlo, sabe que es así. Capitaneando un ejército de arribistas fueron ellos los que cavaron la tumba de Podemos y perpetraron con premeditación y alevosía el “crimen” de la concreción política del 15-M.

Lo hicieron, sí, cuando convocados los inscritos –menudo título– a votar –por decir algo– para los diferentes Consejos Ciudadanos y Secretaría General de cada Comunidad nació una cosa denominada “Claro que podemos” y que yo titulé “franquicia”. Lo hice, porque, aunque negado hasta la saciedad al principio –por LOOMIO debe andar la conversación–, la franquicia brotó con el apoyo del “lidereso” provocando un cisma con tufo a limpieza de sangre que dejó muchas ilusiones cadavéricas por el camino. Y ellos, y nosotros, lo sabemos.

Todo estaba atado y bien atado. Mientras un entonces número 2 investigaba vía telefónica por la región, se negociaba, supongo que entre otros, con el profesor, escritor y, sobre todo, ex marido de S.A.R. Doña Letizia, para el cargo de Secretario General de Extremadura. No debieron ir muy bien las negociaciones y de pronto apareció el designado de mirada azul que apetecía jamón.

Al proceso se le dio una fina y efímera capa de tinte democrático. Derrotaron a los que entendían sus enemigos y tras la victoria se dispusieron a administrala. No sólo no se llevó a cabo la prometida integración sino que se optó, mediante el empleo de los más rastreros y primitivos métodos, por la erradicación de todo lo que no olía a “Clarito”. Por ello, me hacen gracias las dimisiones posteriores, la última la del catalán, que hasta ahora no se ha dado cuenta de los tintes autoritarios que tienen la coleta y otros añadidos.

De todo esto y más se ha de escribir algún día. Hay nombres y apellidos que podrían hacerlo bien, muy bien, incluso con documentos, conversaciones, etc., para que la memoria quede ahí y sepamos quien es quien en cada caso.

Plasencia no fue la excepción. Ganó la franquicia y extirparon. Fue un triunfo tan raquítico y tal la erradicación que su estructura actual, resultado de puteos inimaginables, no soportaría el más mínimo reportaje de la más ínfima investigación, a pesar de lo cual a veces salen de la cueva y las denominadas redes sociales. La última vez ha sido para decirnos lo que han propuesto a su partido –me parto– para que se incluyan en la negociaciones que se están llevando a cabo entre “Claro que podemos” regional y el PSOE con motivo de los presupuestos.

Hablan de un Centro de Salud, de Formación Profesional de la que seguro saben mucho como muestran al predicar de industria agroalimentaria, o lo que es peor, de módulos formativos, y, por último, de una propuesta para el edificio de la Casa del Deán.

En relación a este último y como no tiene ya bastantes novios: la Universidad Católica de Ávila, Centro de Formación Profesional…, van y plantean para él, seguro que con argumentos muy bien fundamentados, un  “clúster” –¡toma ya!, como si no hubiese palabras españolas para decir lo mismo o mejor seguro– de turismo.

Quedo tranquilo pues no creo que pese mucho lo que queda del “Claro…” del norte en esa negociación y también preocupado al comprobar, una vez más, que lo este pueblo no tiene arreglo.

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