Capítulo IV. El poder Judicial

Abu Y La Mesa del Disenso

DEMOCRACIA y Democraturas. Capítulo IV. EL Poder Judicial

Nota: en nuestros tres capítulos anteriores, la confrontación entre DEMOCRACIA y democratura  han venido a resolver que en las primeras hay representación de los electores por los elegidos; responsabilidad contractual; personificación de la Nación en la Cámara Legislativa y todo el poder concentrado en el Presidente del Ejecutivo. Por contra en las Democraturas, los ciudadanos, la nación; sus intereses y el Poder Ejecutivo han sido repartidos por y para los partidos políticos que lo destrozan en función de las caprichosas  apetencias determinadas en la lotería electoral. Como la política es en esencia una síntesis y el objeto de ella es la toma del poder político, habrá política en tanto en cuanto se procure la concentración de esos poderes, y no habrá politica sino chalaneo si ese poder se atomiza o se reparte entre las distintas bascas camufladas en versiones ideológicas.

 

DEMOCRACIA

 

La virtud principal del mal llamado poder judicial es «La Independencia». Dictar sentencias no es en sí un poder ya que en la mano del Juez no se encuentra la ejecución sino la orden de ejecución. Conseguir la independencia del poder judicial es evitar toda injerencia de los poderes ejecutivos y legislativos sobre los que tienen la responsabilidad y exclusividad de dictar sentencias. Nuestro más insigne jurista don Antonio García Trevijano, propone que los órganos de gobierno de la judicatura sean elegidos exclusivamente por el entramado judicial: jueces, fiscales, secretarios, abogados,  procuradores, oficiales y funcionarios, de tal modo que los puestos de responsabilidad de ese poder se ocupen por las personalidades más cualificados que solamente el mundo de la judicatura es capaz de identificar. Su estructura es doble: la meramente administrativa que dirigirá el Consejo y la ejecutiva determinada por los Tribunales. Pero como todo poder emana y debe emanar del pueblo o de su representación, en determinados procesos será necesario la formación del jurado popular a quien le corresponde manifestar culpabilidad o inocencia a la vista de las pruebas aportadas. No habrá tampoco independencia judicial sin independencia económica de la judicatura. La nación a través de la Cámara Legislativa garantizará los recursos necesarios para que esa independencia económica se materialice efectivamente con medios y recursos.  Los  jueces serán entonces independientes de oficio y de beneficio, pero no por ello dejarán de estar sujetos a la vigilancia del parlamento, único estamento con capacidad para recusar y sancionar las actuaciones de jueces cuya prevaricación sea notoria y cause alarma social.

 

Democraturas

En las democraturas se reproducen también los mismos vicios de la atomización de poderes en manos de los partidos políticos. El órgano de gobierno de los jueces es el Consejo del poder judicial nombrado por los partidos políticos y repartidos en función de los porcentajes de influencia que estén establecidos en el momento de las renovaciones de sus componentes, de tal modo que este órgano se reparte con las mismas  influencias como si de un espejo de los partidos políticos se tratara. No hay pues un poder judicial sino una desconcentración de los poderes y no se trata de justicia sino de consolidación de intereses enmascarados en ideologías diversas. Éstos aparatos son estructuras de Estado. Es el Estado el dueño de los partidos; de la judicatura; del parlamento,  y ese Estado, como personalidad jurídica, no puede ser más que dirigido por los jefes de los mismos partidos a quien sustenta y por tanto no hay separación de poderes sino un único poder el estatal atomizado. No hay Nación porque está secuestrada por el Estado y tampoco hay judicatura porque está amañada por el Estado. No hay poder judicial, sino poder estatal,  y no hay concentración de Poder como en las DEMOCRACIAS sino  mercadeo de influencias.

 

Con estas premisas se entiende que la judicatura de las Democraturas estén abastecidas con carencias enormes en recursos, medios y rendimientos. Es tan notoria la escasez de jueces como que de las audiencias provinciales hacia arriba, las ingerencias externas son habituales hasta el punto de que los propios califican esta situación como «justicia para robagallinas.» (Continuará)
 
ábu

2 thoughts on “Capítulo IV. El poder Judicial”

  1. Lo que no termino de ver claro, es la financiación independiente del poder judicial.
    Tengo claro, que el ejecutivo, no debe participar de ninguna manera en la misma, pero mientras finaciar de manera independiente al legislativo, me parece relativamente sencillo, una tasa en el momento de votar. La financiación del judicial, me parece un dificíl problema.

    1. Gracias Juan por tu comentario. Es la Nación, representada en el Congreso de los Diputados, la que asigna los presupuestos en una democracia representativa y no el Gobierno. Es por tanto la Nación ( el parlamento) la que asigna al sistema judicial el presupuesto que le corresponde de la tarta nacional para ser independiente y créeme que tendrá mucho interés en que la justicia sea rápida y eficaz, no así cuando, como en el caso de España, el Gobierno está interesadisimo en estrangularlo para tenerlo sometido.

      Saludos cordiales
      ábu

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